Escrito por Don Luis Gonzalo Pérez de León (Vicembajador del Reino en México)

LAS TRES REALIDADES DEL HOMBRE

LAS TRES REALIDADES MÁS IMPORTANTES PARA EL HOMBRE

EN PRIMER LUGAR ESTÁ DIOS: La Fe y Doctrina Católicas

EN SEGUNDO LUGAR ESTÁ LA FAMILIA: El Padre, la Madre y los Hijos Católicos

EN TERCER LUGAR ESTÁ LA PATRIA: El Pueblo y Gobierno Católicos

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO

El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que Dios siendo numérica e individualmente Uno, existe en tres Personas; en otras palabras, la Divina Esencia que es una y la misma en el más estricto sentido de la palabra, existe en tres Personas realmente distintas una de otra, y sin embargo,  cada una idéntica con la misma esencia divina. El Padre no es engendrado, EL Hijo lo es, y el Espíritu Santo procede como de un principio, del Padre y del Hijo.

Cada Persona es realmente distinta de las otras, cada una es verdadero y eterno Dios y con todo, no hay más que un solo Dios. Lo podemos entender como tres individuos son distintos entre sí y, sin embargo, poseen en común su humanidad.

La unidad de las tres Personas divinas es, con todo diferente. Cuando hablamos de ellas como un Dios, significamos no solamente que cada una es Dios sino que cada una es Uno y el mismo Dios.

ESTE ES EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, incomprensible a la inteligencia humana,

En el antiguo Testamento, la noción de las  divinas personas fue muchas veces figurada, aunque de un modo oculto, porque los judíos eran demasiado propensos al politeísmo.  Este es el más grande misterio de la Religión Católica y comienza todos los actos del culto público invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

LA FAMILIA

Institución legítima, monógama, fundamental de la sociedad, imprescindible  para la propagación de la especie humana y el desarrollo del hombre. Ya desde la Creación fue asentada la base monógama de la unión familiar (Gen. 2-24), y ha sido  históricamente el centro propulsor del progreso humano, Cristo la elevó a la dignidad de unión sagrada; de ahí que la familia realmente cristiana representa la organización ejemplar, pues en ella los deberes y derechos de cada miembro no son gravosas imposiciones jurídicas, sino sublimes vínculos de amor. Y gracias a ese amor la esposa se subordina al marido y se eleva a la condición de compañera, mientras la suave sumisión de los hijos es el reconocimiento de la autoridad de los padres quienes les suministran dirección, cariño, tutela y medios para su desarrollo físico, moral e intelectual.

Por eso son absurdas y antinaturales las teorías que tienden a anular los vínculos de consanguinidad y parentesco, ya sea por la concepción comunista del amor libre, de las perversas leyes actuales contra natura o por cualquier otra tendencia sociológica disgregadora de esta célula de la sociedad humana.¨

Las enseñanzas de Jesucristo en el seno del hogar proporcionan la paz que debe privar en los momentos de crisis y goce en los triunfos de la vida, ayudando a cercarse a Dios suprema meta de la familia católica.

LA PATRIA

Es la  llamada Nación; compuesta del territorio,  de la ciudad, poblado o lugar, donde se nace o se vive largamente, con su gente, su historia, su religión, su cultura y sus costumbres.

En el caso particular de Méjico y de todas las naciones hispanoamericanas, estas patrias salieron del Imperio Español de manera abrupta, rebelándose contra la Monarquía española no por sus propios habitantes, sino por instigación de naciones extranjeras y masónicas, como lo fueron los Estados Unidos de América calvinistas, la Francia revolucionaria de Napoleón I y la Inglaterra anglicana. Quienes con su odio a la Religión Católica y a la España espada de la Iglesia, armaron material e intelectualmente a los nativos inconformes y desorientados, para romper los lazos que por trescientos años habían sido formados en las virtudes católicas e hispanas.

La Patria grande de los habitantes de Hispanoamérica era sin duda, la unidad que formaban los cuatro Virreinatos americanos: La Nueva España, la Tierra Firme, el Perú y La Plata.

Con la forzada independencia, se fueron creando pequeñas patrias sin otro sostén que sus menguadas fuerzas, y fueron cayendo una a una en el juego político y económico de las tres referidas potencias.

Méjico, comenzó su independencia con el Imperio Mejicano Católico, encabezado por don Agustín Iturbide con el Plan de las Tres Garantías, hermoso proyecto que de haberse consolidado hubiera constituido la primera potencia católica  del Nuevo Mundo.

Pero fueron los eternos traidores y enemigos del Orden Cristiano, los enemigos del pueblo mejicano católico e hispano, quienes lo derrumbaron para instalar una república, triste copia de sus protectores, los anglos. Pues Méjico y todas las naciones hispanoamericanas quedaron, al fin sujetas como protectorados, eufemismo de viles colonias, sujetas al mando yanqui, cumpliéndose ampliamente los lineamientos de la doctrina del “Destino Manifiesto Imperial de los angloamericanos” doctrina estructurada y puesta al día por el masón Benjamín Franklin, cuyo lema era: “Dios el altísimo ha predestinado al pueblo angloamericano para regenerar el Mundo”

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